Durante años las herramientas educativas no variaron demasiado y un docente a lo larga de su carrera disponía de algunas herramientas que más allá de algunos cambios poco significativos (los libros con mayores actividades, uso del color, incremento de las fotografías, etc.) disponíamos básicamente de la tiza y el pizarrón…y del polvillo.
Un avance importante en nuestra tarea fue la masificación de la fotocopia (las editoriales, escritores y editores no opinan lo mismo) que permitió el acceso rápido a textos de todo tipo, a la creación de cuadernillos, al diseño masivo de actividades que nos hicieron ganar un tiempo precioso en el aula. Terminamos por fin y de una bendita vez con el dictado o con la copia de actividades, además nos tornamos en expertos en “collage”. Pero la tiza seguía…y el polvillo también…
Después llegó el retroproyector, todo un avance en el mundo de los recursos, pero para imprimir las filminas (carísimas) había que tener una buena impresora, cuidar que la tinta no se te corriera y si las rayabas ya no te servía. Pero era para contadas actividades, porque para lo demás teníamos el pizarrón, la tiza… y el polvillo…
Con el tiempo llegaron las computadoras a la escuela…pero nadie las usaba…parecían peces porque los/las docentes las mirábamos del otro lado del vidrio de la sala de computación. Lentamente nos fuimos acercando, comenzamos a pedir tareas de tipeo de trabajos (pasar la producción que escribieron en clase, un resumen, etc). Pero la tiza seguía… y el polvillo también…, a pesar que ya había pizarras para usar fibrones…¡pero los ministerios de educación todavía las ignoran en las escuelas!

Internet marcó una especie de revolución copernicana en nuestra práctica. Puso a disposición toda la información y una cantidad de herramientas multimedia impensadas hace quince años y ni hablar hoy de los adelantos que trae la WEB 2.0. Entre esas herramientas están los blogs educativos, y sobre todo me refiero a los de aula, que nos permiten interactuar con los alumnos y alumnas también fuera del aula, poner a disposición en el proceso de enseñanza-aprendizaje toda una serie de recursos como imágenes, videos, música, etc. que refuerzan y sustituyen muchas veces a nuestras explicaciones, y nos obligan a repensar la forma de concebir las actividades ante este cambio de paradigma, si se quiere. Los blog de aula además, brindan la posibilidad a los/las estudiantes de mejorar los contenidos académicos, enriqueciéndolos con elementos multimediales. Además, y por primera vez es posible ya pensar que el pizarrón y la tiza ¡¡¡¡tienen fecha de vencimiento!!!
Este
blog de lengua y literatura construido por la profesora Sara Gil muestra de qué manera el blog puede sustituir a las fotocopias tanto en la información como en el diseño de actividades, además de tornarla una propuesta atractiva e interactiva para los alumnos.
En fin…si ya no tengo
silicosis... continuaré con los blogs.